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Historia

Historia

A mediados del tercer milenio A.C. migraciones de pueblos continentales llegaron a Galicia trayendo con ellos la primera agricultura y la primera metalurgia del cobre y del oro. Manifestaciones de estos primeros asentamientos, en el que hoy es el municipio de A Pobra do Brollón, son los túmulos megalíticos que se encuentran repartidos por todo su territorio, así se pueden ver en: Vilachá, Salcedo, Parada de Montes, Ferreiros, Castrosante (destruida hace unos catorce años), Castroncelos, Canedo, Óutara.

De la cultura castreña (s. IX. A.C. al cambio de Era) no se encuentran testimonios en el municipio, a no ser que se encuentren escondidos en los niveles inferiores de los castros galaico-romanos, abundantes como se verá. Las investigaciones arqueológicas que algún día se hagan aclararán estas dudas.

Al terminar las guerras contra los pueblos del norte, César y después Tiberio, reorganizan el territorio de Galicia para adaptarlo a la explotación intensiva de todos los recursos naturales (minería y agricultura). Las especiales condiciones climáticas y del suelo de A Pobra, junto con sus riquezas mineras, en especial de oro, llena de castros su suelo, con 15 catalogados en estos momentos. De estos castros galaico-romanos (de nueva construcción) algunos se dedicaban a la agricultura, y la mayoría al alojamiento del personal que trabajaba en las minas de oro, ya de un modo “industrial”. En unos castros, en los más cercanos a las minas, vivirían los mineros; en otros los encargados de reparar las presas y calderas que traían el agua a las explotaciones. En otros los soldados, administradores, fundidores....y los artesanos que reparaban y construían las herramientas necesarias. Testimonios de la importancia de la riqueza minera del oro en la Pobra do Brollón (tanto de yacimientos primarios como secundarios) se encuentran esparcidos por toda la superficie del Municipio; desde Ribeira del Sil a Óutara, desde la montaña al valle. Son ejemplos de esta riqueza, y de la importancia de las explotaciones, la mina explotada por el sistema de peines de Os Medos, y la de ruina montium de A Lama.
La presencia de los godos (suevos), está referida por la existencia de algunos topónimos, como son los de Esmoriz, Tudriz, Domiz, Recimunde, Guariz; todos ellos cerca de castros galaico-romanos. Las fuentes historiográficas antiguas dicen que los godos vivían en las alturas (en los castros abandonados), por miedo a los galaico-romanos que ocupaban la mitad de Galicia, y que estaban en contínua lucha con ellos. Con los godos, se inicia una época de aislamiento en Galicia, de la que poco se sabe hoy por falta de documentación, y que va perdurar hasta la terminación de la Alta Edad Media.

A partir del siglo IX, en los documentos de donaciones y de foros de los monasterios de Samos, San Vicente do Pino, Ferreira de Pantón, Meira, Oseira, Montederramo, Celanova...comienzan a ser citadas las iglesias y lugares de las Tierras de Brollón.

Lugares como Salcedo, Cereixa, Barxa de Lor, Brollón, Ferreiros, Ferreirúa, Lamaigrexa, Domiz, Saa, Castrosante, Liñares, Martull, Canedo... ya aparecen en esos documentos, lo que hace suponer que estaban poblados desde mucho antes, posiblemente desde las repoboacións del obispo Odoário y su familia (siglo VIII). Hubo dos monasterios de muy corta vida: uno en Vilachá, y el otro en Ferreiros. Las gentes se dedicaban el cultivo del centeno, viñedo y la horticultura. Criaban ovejas, cabras, gallinas y conejos. La mayoría del terreno estaba sin cultivar. En aldeas como Ferreiros y Ferreirúa, como así lo dice su nombre, había herreros, mineros y carboneros dedicados a la fabricación de herraduras, clavos y herramientas para las labores agrícolas.

La inseguridad social fue predominante durante estos tiempos, como lo demuestra la existencia de torres y recintos de vigilancia, de los que sólo queda el nombre: Castrobon (A Ferreirúa), Castrelado Pequeno (Liñares), Castrelín (Parada de Montes).

A partir de finales del siglo XIII, junto a los lugares anteriores, comienza a aparecer en los documentos un nuevo, Puebla de Brollón ó Puebla de San Pedro. Parece ser que fue el Rey de Castilla Sancho IV, quien otorgó el documento fundacional (sobre un viejo castro minero) del lugar, la carta-puebla; y que su heredero, Fernando IV ratificó. Este documento contenía el reparto de tierras, deberes y derechos que se les concedía a los pobladores de a A Pobra do Brollón y de sus doce aldeas; y un derecho muy importante, como era el de depender directamente del propio rey. La repoblación propiciada por la citada carta-puebla fue un éxito demográfico y económico, como se demuestra por las rentas anuales que tenían que pagar, y que a partir de entonces A Pobra do Brollón apareciese en documentos y mapas. A este desarrollo económico no debió ser ajena su situación estratégica en el obligado paso de gentes y mercancías, que querían entrar o salir de Galicia por el camino natural del valle del río Sil. La presencia de las órdenes Hospitalarias y de Santiago en las Tierras de Brollón así lo confirman.

El 30 de julio de 1477, el rey Fernando el Católico, en un documento datado en Medina del Campo, le cede la don Pedro Álvarez de Osorio (primer Conde de Lemos), todos los derechos y rentas (ascendían a más de 20.000 maravedíes) que la corona tenía en A Pobra do Brollón; terminan así las peleas que la nobleza venía tiendo por la posesión de las Tierras de Brollón, y que habían comenzado el 23 de agosto de 1424, cuando don Fadrique, señor de Monforte, las anexionó a Monforte junto con sus doce aldeas. Sin lugar a duda, ser un pueblo de hombres dependientes del rey o de sus administradores, un pueblo de hombres libres de la jurisdicción de nobles y del templo, un pueblo de hombres libres defensores de sus derechos, motivó la participación de María Castaña, del Coto de Cereixa, en las sublevaciones del pueblo de Lugo contra los abusos del obispo de la ciudad (en torno a 1382), y ,que pasados unos años, todo el pueblo de A Pobra do Brollón lo hiciera contra los atropellos y pagos de las rentas reales al Conde de Lemos ( ¿don Pedro Alvarez de Osorio?), en la conocida como revuelta de los Guímaros, hecho que la tradición popular conservó hasta hoy. .

A partir del siglo XV, a pesar de las reformas de la administración propiciadas por los Reyes Católicos y sus descendientes como soberanos de todo el Estado, las Tierras de Brollón continuaron vinculadas a la Casa de Lemos, hasta las reformas administrativas del siglo XIX. Su economía se centraba en la agricultura (centeno y vino), ganadería y la explotación de las minas de hierro, principalmente a Cova das Choias y la Veneira de Roques, (que llegó a tener 37 mineros) que abastecían de mineral a todas las herrerías del entorno, incluidas las tres del término municipal: Herrería de Biduedo, Herrería de Barxa de Lor y la Herrería de Loureiro.

La llegada del maíz y la de la patata, a finales del siglo XVIII, contribuyó a un importantísimo crecimiento demográfico, lo que obligó a poner en explotación tierras vacías hasta entonces y la construcción de nuevos pueblos. A finales del siglo XIX, las viñas sufrieron la peste de la filoxera, hecho que obligó a abandonar su cultivo hasta bien entrado el siglo pasado.

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